A PROPOSITO DE CIELOS DE GLORIAS Y DE INFIERNOS (Spanish Edition)
Book Details
Author(s)Alberto Enrique Garzón Buelvas
PublisherAve Viajera - Uniletras
ISBN / ASINB007SQYF1Y
ISBN-13978B007SQYF12
Sales Rank2,041,995
MarketplaceUnited States 🇺🇸
Description
Prólogo
Cómo no dar comienzo al prólogo de esta obra con la descripción que de su autor Alberto Enrique Garzón Buelvas hace su hija Johanna: “Su sensibilidad y sus sentimientos han sido la inspiración de su poesÃa, mezcla de deseos, pasiones, ilusiones, amorÃos, realidades e invenciones, que demarcan un estilo muy variado y prolÃfero con derroche de espontaneidad y trasparencia en su manera de pensar y desarrollar sus ideas.†Dicha concepción de la obra de Alberto Enrique, me conduce a las primeras estrofas de “Alma que lloras tantoâ€, de Rafael Maya, el inmortal poeta payanés: “Alma que lloras tanto recuerdo, /como llora / la gruta silenciosa/el dolor de la tierra/ que nutrió los antiguos manantiales/ y se vistió de flores/ entre el rumor de la estación dorada/. Alma que lloras tanto recuerdo, /como llora por el plañido de sus lentos bronces/ una ciudad desierta, / tu Ãntima complacencia/en todo cuanto cantas, / como busca el espejo/ la gracia, nada más, con que las cosas/ hallan ser bellas en su claro fondo.
Alberto Enrique Garzón Buelvas ha logrado hacerme evocar lo dicho por Bogdan Piotrowski, Miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, en su ensayo titulado: Semblanza axiológica de Rafael Maya: “Toda actividad cultural debe ser la afirmación de la persona y del sentido de la vidaâ€. Leer y adentrarse en la poesÃa de Alberto Enrique es corroborar dicha afirmación. Alberto lo hace cuando cuestiona con inusitado realismo la razón de su Yo y la de todas las cosas que lo habitan. No se salvan de su escrutinio, ni su alma que considera ser residente temporal de su cuerpo, ni el amor que alimenta su alma, ni el odio y rencor ajeno, que lo amedrenta. Tampoco se libran de ser juzgadas las complejas y extrañas vestimentas con que se cubre el ser humano para actuar en el escenario de la vida y de la muerte.
Alberto llega asà a construir el albergue que necesita para protegerse de sà mismo, que paradójicamente, destruye luego, a imitación del trágico Hamlet, con sus desviaciones anÃmicas sobre si Ser o No ser. A Propósito de Infiernos, de Cielos y de Glorias, como se titula este poemario, Alberto nos expone concisamente a las más crueles manifestaciones de su Ãntimo pensar sobre todo lo humano y lo divino que bulle en su controvertido Yo. Debo adelantarme a mis conclusiones, Alberto es longevo es esas cosas de la existencia que matan a quienes no saben capotear los vendavales de la vida. De su poema, Longevidad.
Cuando conocà a Alberto Enrique, primero por referencia de Libardo Campos Gómez, ese gran hombre, su coterráneo, poeta de talla formidable enaltecido por la espiga de la vida y atribulado por la furia de su fuego, su tutor incondicional en la recopilación y revisión de esta obra, comenzó a girar la rueda de las palabras promotoras de fe y de confianza mutua sin la cual no puede existir una relación perfecta entre un autor y un editor. Fue entonces cuando supe que confrontaba un reto: El de apoyarlo y hacerle sentir que su paso por el mundo no ha sido vano.
No lo es. No para un ser de la estatura sentimental de Alberto. Elocuente por su sencillez, poseedor de la más madura de las madureces, él nos dice a gritos que es una llama olÃmpica inapagable. Sin embargo, él no parece saberlo ni creerlo. En él, “Todo es Comúnâ€, declara: “desde el monótono latido de mis venas/hasta el alegre despertar de una esperanza/¡Todo es común en mÃ!/… El jocoso festejar de un chiste malo/ y la odiosa realidad de absurda pesadilla/--- ¡Todo es común en mÃ!...
Profunda reflexión esta que hace Alberto de su sencillez que en él, es grandeza sin arrogancia. “…Quiero la luz/ porque la luz un dÃa/ atravesó mi cuerpo…/Quiero la luz/ porque fue un dÃa/ el comienzo de un mañana. ¡Quiero la luz!/ ¡Le temo a las tinieblas!" Consciente de su mortalidad, Alberto se prepara para superar la tristeza que lo quiere dominar, entregado a escribir un nuevo poemario de confirmación de su pasión por la Vida.
Joseph Berolo
Editor
Cómo no dar comienzo al prólogo de esta obra con la descripción que de su autor Alberto Enrique Garzón Buelvas hace su hija Johanna: “Su sensibilidad y sus sentimientos han sido la inspiración de su poesÃa, mezcla de deseos, pasiones, ilusiones, amorÃos, realidades e invenciones, que demarcan un estilo muy variado y prolÃfero con derroche de espontaneidad y trasparencia en su manera de pensar y desarrollar sus ideas.†Dicha concepción de la obra de Alberto Enrique, me conduce a las primeras estrofas de “Alma que lloras tantoâ€, de Rafael Maya, el inmortal poeta payanés: “Alma que lloras tanto recuerdo, /como llora / la gruta silenciosa/el dolor de la tierra/ que nutrió los antiguos manantiales/ y se vistió de flores/ entre el rumor de la estación dorada/. Alma que lloras tanto recuerdo, /como llora por el plañido de sus lentos bronces/ una ciudad desierta, / tu Ãntima complacencia/en todo cuanto cantas, / como busca el espejo/ la gracia, nada más, con que las cosas/ hallan ser bellas en su claro fondo.
Alberto Enrique Garzón Buelvas ha logrado hacerme evocar lo dicho por Bogdan Piotrowski, Miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, en su ensayo titulado: Semblanza axiológica de Rafael Maya: “Toda actividad cultural debe ser la afirmación de la persona y del sentido de la vidaâ€. Leer y adentrarse en la poesÃa de Alberto Enrique es corroborar dicha afirmación. Alberto lo hace cuando cuestiona con inusitado realismo la razón de su Yo y la de todas las cosas que lo habitan. No se salvan de su escrutinio, ni su alma que considera ser residente temporal de su cuerpo, ni el amor que alimenta su alma, ni el odio y rencor ajeno, que lo amedrenta. Tampoco se libran de ser juzgadas las complejas y extrañas vestimentas con que se cubre el ser humano para actuar en el escenario de la vida y de la muerte.
Alberto llega asà a construir el albergue que necesita para protegerse de sà mismo, que paradójicamente, destruye luego, a imitación del trágico Hamlet, con sus desviaciones anÃmicas sobre si Ser o No ser. A Propósito de Infiernos, de Cielos y de Glorias, como se titula este poemario, Alberto nos expone concisamente a las más crueles manifestaciones de su Ãntimo pensar sobre todo lo humano y lo divino que bulle en su controvertido Yo. Debo adelantarme a mis conclusiones, Alberto es longevo es esas cosas de la existencia que matan a quienes no saben capotear los vendavales de la vida. De su poema, Longevidad.
Cuando conocà a Alberto Enrique, primero por referencia de Libardo Campos Gómez, ese gran hombre, su coterráneo, poeta de talla formidable enaltecido por la espiga de la vida y atribulado por la furia de su fuego, su tutor incondicional en la recopilación y revisión de esta obra, comenzó a girar la rueda de las palabras promotoras de fe y de confianza mutua sin la cual no puede existir una relación perfecta entre un autor y un editor. Fue entonces cuando supe que confrontaba un reto: El de apoyarlo y hacerle sentir que su paso por el mundo no ha sido vano.
No lo es. No para un ser de la estatura sentimental de Alberto. Elocuente por su sencillez, poseedor de la más madura de las madureces, él nos dice a gritos que es una llama olÃmpica inapagable. Sin embargo, él no parece saberlo ni creerlo. En él, “Todo es Comúnâ€, declara: “desde el monótono latido de mis venas/hasta el alegre despertar de una esperanza/¡Todo es común en mÃ!/… El jocoso festejar de un chiste malo/ y la odiosa realidad de absurda pesadilla/--- ¡Todo es común en mÃ!...
Profunda reflexión esta que hace Alberto de su sencillez que en él, es grandeza sin arrogancia. “…Quiero la luz/ porque la luz un dÃa/ atravesó mi cuerpo…/Quiero la luz/ porque fue un dÃa/ el comienzo de un mañana. ¡Quiero la luz!/ ¡Le temo a las tinieblas!" Consciente de su mortalidad, Alberto se prepara para superar la tristeza que lo quiere dominar, entregado a escribir un nuevo poemario de confirmación de su pasión por la Vida.
Joseph Berolo
Editor
