La Mujer Que Se Curaba Sola: La Lucha Entre Ciencia y Naturaleza... Apenas Empieza (Creyendo En Algo Desconocido nº 1) (Spanish Edition)
Book Details
Author(s)Ruth Garcia
ISBN / ASINB00MZFVN1I
ISBN-13978B00MZFVN19
Sales Rank1,210,825
MarketplaceUnited States 🇺🇸
Description
He aquà un pequeño adelanto de la pagina 23, Vanesa se encerró en su habitación y ni siquiera salio a ver a sus hijas, una vez en la cama empezó a recordar todo lo que su madre le habÃa dicho, tocaba su piel bajo la sabana y sentÃa como el exceso de peso habÃa hecho cambiar su textura, la dureza de sus talones rozando su tobillo izquierdo le recordó el tiempo que hacia no se hacia arreglo de pies, el exceso de pelos en sus axilas era algo sorprendente, y sus cejas crecidas en abundancia dejaban notar a la tÃpica mujer descuidada, abandonada y rustica en que se habÃa convertido. Recordó con agrado la primera cita que tuvo dos años después de su divorcio, cuando la calentura de la soledad estaba en apogeo y sus hormonas le tiraban flechazos a todos los hombres que la mirasen, cuando afloro el deseo de la carne de mas que amar olvidar y vengarse de su verdugo y antiguo marido, cuando el amor paso a otro plano y ella en su verdor aprovecho las salidas tardes de la oficina, se acostó con el jefe queriendo caer en gracia, y cuando vio su desgracia en aquella fatal entrega su vergüenza le hizo fuerza a volver a reaccionar, mas era tarde, y solo lamentos quedaban, siguió sus andanzas nocturnas después de los happy hours de aquellos bares sórdidos, cabañas, alcohol, risas, bailes y diversión que se convertÃan en silencio al llegar a casa, ante la pregunta de la madre esperándola , porque has llegado a esta hora?, y la triste respuesta a tres brazos de distancia y con una menta en la boca para que no llegase el olor a alcohol, es solo que he trabajado hasta tarde mamá, mucho trabajo, mucho trabajo. Hoy dÃa daba gracias a Dios por los condones ya que por ellos se encontraba viva, la promiscuidad que se apodero de ella hacia un gran tiempo por poco le arrebata la vida, el descontrol del deseo inapropiado en momentos de soledad y angustia, la forma de descargar su impotencia, la rabia, el dolor, todo esto la llevo a estas cosas. pag. 108, Caminó y subió con cautela, al subir unos 8 escalones veÃa el sol aunque tÃmido por la temperatura de la frÃa región algo radiante, iluminando el lugar a través de las telas de vivero que cubrÃan en un cuadro el 3er nivel, en ese instante respiro un aire suave. Un espectáculo radiante de plantas de diversos tipos, tantas y tantas que le era difÃcil discernir fue cuando se percato de que cada tarro o funda que contenÃa una planta tenÃa su nombre y estaban colocadas todas en orden alfabético. Quedo sorprendida con la organización de ese espacio, en ese momento Abigail se acerco a ella con una bata blanca puesta y su cabello cubierto con un gorro, sus manos estaba llenas de tierra negra.pag. 120
Al quedarse sola en la terraza la tarde hermosa invitaba a caminar, salio de la casa y se quito las zapatillas quedando descalza, el verdor de los árboles que rodeaban el camino y la soledad de la carretera poco transitada al salir de la propiedad a unos 125 pasos aproximadamente, le recordó los rostros sonrientes de sus hijas, camino y cruzo la carretera, continuo caminando entrándose con profundidad entre los árboles, camino y camino empezó a escuchar el sonido del agua y el frÃo que caracterizaba la región, llego a las orillas de un inmenso rÃo pedregoso, escuchaba el sonido del agua cada vez mas fuerte, la espuma se vÃa blanca y peligrosa, cuando solo le faltaban unos pasos para ver la procedencia de tanta fuerza fue sujetada por unos brazos era Marcos el esposo de Hipolita.
- Me asusto.
- Que hace aqu� Están preguntando por usted en la casa, estábamos preocupados, porque no aviso?
- Lo siento, me perdà caminado y llegue aquÃ, lo lamento.
Vanesa camino junto al hombre y miraba hacia atrás, la espuma del agua y ese sonido, quedo curiosa, debÃa volver allá.
Al regresar a la casa Jami le dijo a Vanesa que la señora Abigail la espera en sus habitaciones.
Al quedarse sola en la terraza la tarde hermosa invitaba a caminar, salio de la casa y se quito las zapatillas quedando descalza, el verdor de los árboles que rodeaban el camino y la soledad de la carretera poco transitada al salir de la propiedad a unos 125 pasos aproximadamente, le recordó los rostros sonrientes de sus hijas, camino y cruzo la carretera, continuo caminando entrándose con profundidad entre los árboles, camino y camino empezó a escuchar el sonido del agua y el frÃo que caracterizaba la región, llego a las orillas de un inmenso rÃo pedregoso, escuchaba el sonido del agua cada vez mas fuerte, la espuma se vÃa blanca y peligrosa, cuando solo le faltaban unos pasos para ver la procedencia de tanta fuerza fue sujetada por unos brazos era Marcos el esposo de Hipolita.
- Me asusto.
- Que hace aqu� Están preguntando por usted en la casa, estábamos preocupados, porque no aviso?
- Lo siento, me perdà caminado y llegue aquÃ, lo lamento.
Vanesa camino junto al hombre y miraba hacia atrás, la espuma del agua y ese sonido, quedo curiosa, debÃa volver allá.
Al regresar a la casa Jami le dijo a Vanesa que la señora Abigail la espera en sus habitaciones.
