: Lo que proponemos con la presente colección de obras dramáticas es demostrar hasta qué punto el papel de la memoria informa e integra la condición humana en los siglos XX y XXI, siglos en que la tecnologÃa y el consumismo de construcciones del pasado influyen el procedimiento humano de percibir, analizar, y elaborar el ser y el presente. La construcción de nuestra entidad como humanos parece ser un intento de no lanzarnos al abismo de la posmodernidad, sino lograr una existencia menos anónima, menos efÃmera, y menos ambigua dentro de una realidad elusiva e inestable, y poder lograr crear una narrativa para la existencia temporal, si no espiritual. la memoria hace una selección de entre las muchas narrativas posibles para que el individuo—o la sociedad—abrace la esencia de sà mismo, o tenga un sentido de bienestar, o satisfaga cualquier necesidad que se encuentre. En el teatro, igual que en la vida, la memoria también tiene una función constitutiva en la construcción del personaje y de la realidad representada.
Dada la fragmentación de la realidad y la disolución del ser que caracterizan la época posmoderna, no sorprende que los dramaturgos contemporáneos de la segunda mitad de siglo XX y principios del XXI se sirven de la memoria como convención dramática para representar realidades ambiguas e incoherentes en que el desplazamiento espacial es la norma, el tiempo no progresa linealmente, y el ‘yo’ está descentrado. Igual que la realidad posmoderna, la memoria también está en crisis. La habilidad de la memoria de estructurar la relación del individuo con el pasado, estabilizar a las personas, y organizar el tiempo y el espacio ha sido debilitada. Por lo tanto, la memoria y el acto de recordar constituyen más que un medio para recobrar y recrear el pasado; son también la fuente de la construcción del ser en el presente, y claro está, en el futuro. O sea, en las obras de teatro, como en la vida, el individuo es el producto del intercambio constante entre más de un tiempo y más de un espacio; en resumidas cuentas, más de su ser. Tal intercambio crea para el público teatral, dentro de un espacio donde la ficción y la realidad se cruzan, un modelo de cómo la memoria funciona.
Los protagonistas de las tres obras incluidas en la presente antologÃa son seres rememorados en el puro sentido de la palabra. Viven por, para, y mediante el acto de recordar. Son individuos cuyas vidas rememoradas y actuadas en el escenario constituyen realidades vividas por primera vez. Todo lo que es memoria contextualiza su existencia. En los tres dramas, existir se representa mediante un incesante vaivén entre presente y pasado, una (re)presentación de tiempos y espacios confluentes, un collage de imágenes (des)conectadas, una narrativa fragmentaria, la simultaneidad de voces y espacios, y la superposición de personajes. La memoria y todo lo que se recupera mediante el acto de rememorar son ambos la fuente del conflicto en los protagonistas de las tres piezas y lo que da profundidad ideológica y significado artÃstico al acto teatral.