El sÃndrome de la Revolución Libertadora: La iglesia contra el justicialismo (Spanish Edition)
Book Details
Author(s)José Oscar Frigerio
ISBN / ASIN1500614149
ISBN-139781500614140
MarketplaceUnited Kingdom 🇬🇧
Description
El copamiento del sector educativo por el nacionalismo católico dio un fruto inusitado: por obra del Ministro de Justicia e Instrucción Pública, Gustavo MartÃnez ZuvirÃa, se decretó la ley de enseñanza religiosa en las escuelas primarias y secundarias controladas a partir de allà por la jerarquÃa eclesiástica. La medida fue impuesta por el gobierno del Gral. RamÃrez el 31 de diciembre de 1943. Tal disposición representaba uno de los anhelos más acariciados por los nacionalistas católicos, después de muchos años de laicismo escolar y dura lucha contra leyes liberales que habÃan cercenado prerrogativas a la iglesia. Por eso: ¿cómo no iba la Iglesia a apoyar a Perón y su nuevo movimiento polÃtico? El lÃder habÃa acentuado a medida que avanzaba la campaña electoral su profesión de la fe católica, cristiana. Además era el continuador natural del GOU, que habÃa decretado la polémica ley. Antes otra pastoral colectiva en 1942, habÃa condenado al liberalismo, al socialismo y comunismo, e incluso al totalitarismo y racismo materialista, de la misma forma en que los condenaba ahora. Y Perón habÃa gestado un movimiento policlasista, opuesto en principio a todo aquello. La coincidencia no podÃa ser mayor, porque en la vereda de enfrente (Unión Democrática) se habÃan ubicado todos los partidos que postulaban cuestiones adversas a la Iglesia: el laicismo escolar, el divorcio, la separación de la Iglesia y el Estado, etc. La pastoral del 15 de noviembre de 1945 vino a confirmar ese apoyo tácito que la Iglesia daba a Perón y su campaña. Gracias al apoyo decisivo de la Iglesia, el Peronismo triunfó en 1946. Pablo Marsal opinaba que los ciudadanos tenÃan principios religiosos que los indujeron a colaborar en lo polÃtico con un movimiento que cortó al principio con las dos corrientes de impiedad y oposición al catolicismo existentes en nuestro paÃs. Sólo años más tarde –concluÃa–, los católicos reconocerÃan su error polÃtico al votar a un gobierno “..corrupto administrativamente y dictatorial.†Si hubo enfrentamientos y disensiones por ambas partes, las mismas quedaron ocultas o fueron ignoradas, seguramente porque no revistieron suficiente importancia como para ser resaltadas. A nivel oficial las relaciones eran cordiales y no parecÃan presagiar la ruptura y el enfrentamiento de los años posteriores. Si bien es cierto que desde el principio existió la oposición de algunos sectores católicos al peronismo y sus tácticas de acuerdo con la Iglesia, no constituyeron una fuerza importante, numérica ni cualitativamente. No debe olvidarse que la Alta JerarquÃa Eclesiástica se embanderó masivamente en un apoyo tácito al nuevo social-cristianismo peronista, sin ningún tipo de disidencia importante. Por lo tanto, los sectores opositores fueron ignorados o sancionados por los altos dignatarios. Desde el principio de su doble gobierno, Perón dio un razonable margen de libertades a todos los cultos religiosos. Con el correr de los años, esa tendencia pareció acentuarse, probablemente porque algunos conatos de oposición en el clero y sectores católicos laicos, lo comenzaron a indisponer con el culto oficial. Las reacciones que tal situación produjo en sectores ultristas católicos, demostrarÃan que la controvertida ley de enseñanza religiosa y otras prerrogativas concedidas les habÃan dado Ãnfulas de poder. Sus reacciones dogmáticas frente a otros cultos señalaban que al creerse dueños de la “verdadâ€, no estaban dispuestos a compartir el cetro con nadie. La mencionada ley sumergió a la sociedad entera en un culto católico impartido con gran sectarismo, comportando para la Iglesia la posibilidad de volver a ser un “Estado dentro del Estadoâ€, gracias a la creciente base social que le deparaba tal tribuna. Equivalente casi a un regreso a los tiempos feudales, cuando la Iglesia compitió activamente contra los monarcas usando sus prerrogativas espirituales (excomunión) y sus cuantiosos bienes materiales, para imponer el imperio forzoso de sus dogmas escolásticos.

