Dios se convertÃa en Padre del patriarca concebido bajo un pacto sempiterno; y Jesús—en estas sus parábolas que analizamos—le hace un recuento a su pueblo de lo ingratos que habÃan sido al tomar su origen tan a la ligera, tal como cuando Esaú vendió su primogenitura por un plato de frijoles colorados.
Esaú, al igual que su hermano Jacob, eran el producto de la inconstancia humana. Una vez que Jacob (Israel) se convierte en poderosa nación—sus descendientes hebreos—el pueblo comenzó a creerse dueño absoluto de su destino; y cuando esto ocurre tendemos a desechar a Dios…hasta la burla. Cuando el alma de un pueblo desecha a su Hacedor y Divino Creador, el alma de toda la nación es amenazada con sufrimiento.
¿Es de inteligentes no hacer sanos negocios con Dios, los cuales implican nuestro destino y beneficios eternos? Calcule 70-100 años que podamos vivir bajo este sistema de homo-sapiens y compárelo con la eternidad.