ALEISTER EL SEÑOR DE LA NOCHE (Relatos Románticos y Fantásticos nº 50) (Spanish Edition)
Book Details
Author(s)ANA MARTÃNEZ DE LA RIVA MOLINA
ISBN / ASINB008O91QL6
ISBN-13978B008O91QL2
MarketplaceCanada 🇨🇦
Description
ALEISTER EL SEÑOR DE LA NOCHE
CAPÃTULO I
A oscuras dentro de un carruaje todo tapado, en mitad de la noche invernal arropada detrás de mi capa, iba con otro pasajero sentado enfrente de mÃ. No nos dirigÃamos ni siquiera una mirada, él iba igual que yo, cubierto con un manto y un sombrero, sin dejar ni un resquicio de su persona al descubierto.
Los caballos galopaban lo más deprisa que podÃan hasta llegar a nuestro destino. Un cochero con su látigo les hacÃa correr y correr, hasta casi agotarlos. Con urgencia debÃamos llegar al Castillo antes del amanecer, nuestras vidas estaban en juego si por una casualidad nos retrasábamos y la luz impactaba sin compasión sobre nosotros.
Dábamos tumbos por el camino empedrado y farragoso sin descanso. Intentaba agarrarme lo mejor que podÃa a los asientos, mi compañero casi ni se inmutaba de la fortaleza que poseÃa. ParecÃa una estatua sin vida, ni una sola queja, ni un solo sonido salÃa de su boca.
Con agitación y descontento en un profundo bache que atravesó el carruaje, me caà encima del caballero desconocido.
Me sujetó como si pesara menos que el viento.-Lo siento Señor, le pido disculpas, no he podido evitar el salir disparada de mi asiento.
No me contestó y como si no hubiera ocurrido nada, volvió a colocarme en mi sitio. Menos mal que no veÃa mi rostro, porque estaba incandescente por el rubor de mi sensibilidad hacÃa el extraño.
Recuperé la compostura, quise mirar a través de las cortinas de las ventanillas de la carroza y contemplar la oscura noche.
Fue imposible vislumbrar nada, el cielo estaba muy cubierto de nubes y comenzaba a nevar.
Suspiré decepcionada, sentÃa curiosidad por saber el lugar hacia el que nos dirigÃamos.
Una carta urgente llegó hasta la mansión donde vivÃa con mis padres. Reclamaban mi presencia lo antes posible ante nuestro Señor de las Tierras del Norte. Mi padre es un fiel vasallo, dedicado únicamente a servirlo. Defiende su Condado con un ejercito muy poderoso, ante posibles ataques del enemigo de las Tierras del Sur.
En mis dieciocho años de vida y como única heredera de nuestras propiedades, estoy también obligada a servir a nuestro Señor.
Siempre se ha jurado vasallaje desde el primer Conde Cameron, mi tatarabuelo, con fervor, honor y lealtad.
Ahora ha llegado el momento de hacer mi presentación ante mi poderoso Señor y servirle con mi humilde persona.
SentÃa un poco de temor ante tan importante paso que iba a dar. Ya no estarÃa bajo la protección solamente de mis progenitores, sino que me debÃa por entero a luchar con todo mi ser por las causas justas ante mi nuevo protector.
Recordaba la triste despedida de mis padres, del servicio de la mansión y de mis maravillosos amigos y aldeanos que siempre me han cuidado y apreciado de corazón.
Las lágrimas silenciosas recorren mi tez blanquecina, antes de empapar el pañuelo con el que me ocultaba el rostro, unos ásperos dedos me las secaron.
Me quedé sorprendida, ante la rapidez con que el desconocido caballero, habÃa notado mi aflicción.
CAPÃTULO I
A oscuras dentro de un carruaje todo tapado, en mitad de la noche invernal arropada detrás de mi capa, iba con otro pasajero sentado enfrente de mÃ. No nos dirigÃamos ni siquiera una mirada, él iba igual que yo, cubierto con un manto y un sombrero, sin dejar ni un resquicio de su persona al descubierto.
Los caballos galopaban lo más deprisa que podÃan hasta llegar a nuestro destino. Un cochero con su látigo les hacÃa correr y correr, hasta casi agotarlos. Con urgencia debÃamos llegar al Castillo antes del amanecer, nuestras vidas estaban en juego si por una casualidad nos retrasábamos y la luz impactaba sin compasión sobre nosotros.
Dábamos tumbos por el camino empedrado y farragoso sin descanso. Intentaba agarrarme lo mejor que podÃa a los asientos, mi compañero casi ni se inmutaba de la fortaleza que poseÃa. ParecÃa una estatua sin vida, ni una sola queja, ni un solo sonido salÃa de su boca.
Con agitación y descontento en un profundo bache que atravesó el carruaje, me caà encima del caballero desconocido.
Me sujetó como si pesara menos que el viento.-Lo siento Señor, le pido disculpas, no he podido evitar el salir disparada de mi asiento.
No me contestó y como si no hubiera ocurrido nada, volvió a colocarme en mi sitio. Menos mal que no veÃa mi rostro, porque estaba incandescente por el rubor de mi sensibilidad hacÃa el extraño.
Recuperé la compostura, quise mirar a través de las cortinas de las ventanillas de la carroza y contemplar la oscura noche.
Fue imposible vislumbrar nada, el cielo estaba muy cubierto de nubes y comenzaba a nevar.
Suspiré decepcionada, sentÃa curiosidad por saber el lugar hacia el que nos dirigÃamos.
Una carta urgente llegó hasta la mansión donde vivÃa con mis padres. Reclamaban mi presencia lo antes posible ante nuestro Señor de las Tierras del Norte. Mi padre es un fiel vasallo, dedicado únicamente a servirlo. Defiende su Condado con un ejercito muy poderoso, ante posibles ataques del enemigo de las Tierras del Sur.
En mis dieciocho años de vida y como única heredera de nuestras propiedades, estoy también obligada a servir a nuestro Señor.
Siempre se ha jurado vasallaje desde el primer Conde Cameron, mi tatarabuelo, con fervor, honor y lealtad.
Ahora ha llegado el momento de hacer mi presentación ante mi poderoso Señor y servirle con mi humilde persona.
SentÃa un poco de temor ante tan importante paso que iba a dar. Ya no estarÃa bajo la protección solamente de mis progenitores, sino que me debÃa por entero a luchar con todo mi ser por las causas justas ante mi nuevo protector.
Recordaba la triste despedida de mis padres, del servicio de la mansión y de mis maravillosos amigos y aldeanos que siempre me han cuidado y apreciado de corazón.
Las lágrimas silenciosas recorren mi tez blanquecina, antes de empapar el pañuelo con el que me ocultaba el rostro, unos ásperos dedos me las secaron.
Me quedé sorprendida, ante la rapidez con que el desconocido caballero, habÃa notado mi aflicción.

