Wiilam Walker, ilusiones perdidas: Invasión de filibusteros norteamericanos a Centroamérica (1855) (Spanish Edition)
Book Details
Author(s)Eduardo Estrada Montenegro
PublisherEditorial Gorki
ISBN / ASINB014X4QS4K
ISBN-13978B014X4QS49
MarketplaceIndia 🇮🇳
Description
En 1855, un grupo de filibusteros norteamericanos, encabezados por William Walker, invadieron Nicaragua, con miras de apoderarse de Centroamérica, un perÃodo histórico de gran trascendencia polÃtica e histórica y que fue llamado Guerra Nacional por los mismos centroamericanos que aún se visionaban como un solo paÃs.
La trascendencia de la Guerra Nacional, y que en Costa Rica celebran como Campaña Nacional, podrÃa tal vez valorarse con las palabras del historiador francés, Elisee Reclus, quien dijo que la derrota de los filibusteros habÃa sido el Maratón de América.
Los triunfadores de la Guerra Nacional fueron los costarricenses y en alguna medida, el comodoro Vanderbilt, uno de los primeros concesionarios para construir la ruta interoceánica por Nicaragua.
Los orÃgenes de la guerra se pueden ubicar cronológicamente con la toma de posesión en 1853 de Fruto Chamorro como Director de Estado de Nicaragua. En su discurso inaugural anunció su deseo de reformar la constitución de 1838 y enfatizó que su objetivo era instaurar el orden y para ello prometÃa “prevenir los males antes que remediarlosâ€, frase que fue interpretada como una amenaza a la legalidad por la oposición liberal.
Efectivamente, cuando la nueva constitución fue decretada el 30 de Abril de 1854, los liberales la calificaron de absolutista, especialmente porque no convocaba a nuevas elecciones, como debÃa ser y la Asamblea reeligió como presidente de la República –como se empezarÃa llamar Nicaragua—al mismo Fruto Chamorro, en una acción reeleccionista que tendrÃa graves consecuencias para la historia del paÃs, debido a la forma ilegal en que se llevó a cabo, según lo percibieron los agentes polÃticos de la oposición.
La revolución no se hizo esperar y en los primeros dÃas de mayo de 1854, el general Máximo Jerez desembarcó con sus tropas en el Realejo, Chinandega, para luego tomarse por sorpresa la plaza de Chinandega y extenderse a León. Desde la capital liberal las tropas revolucionarias marcharon contra Granada, ciudad a la que a pesar del sitio que impusieron no pudo ser tomada. Pasaron muchos meses sin que la guerra tomara un giro decisivo, y es en esa etapa que los liberales tratan de reforzar sus fuerzas militares, contratando más filibusteros, contrato que a la postre iban atentar contra la incipiente república.
William Walker y sus cincuenta y siete inmortales, como él mismo llamaba a sus mercenarios, desembarcaron en Nicaragua en junio de 1855, contratados por Francisco Castellón, lÃder de los liberales de León, y a los que nacionalizo con un simple juramento en voz alta frente a la falange. Walker fue recibido con grandes expectativas por los liberales, pues pensaron que con su reforzamiento, iban a tomar una acción decisiva contra los granadinos.
En menos de quince dÃas, el predestinado de los ojos grises, montó una operación militar en Rivas, batalla en la que fue derrotado y la que se produjo la quema del mesón por Emmanuel Mongalo, un personaje que posteriormente se diluyó en aquella etapa llena de controversias y vacÃos, y que tendrÃa como contraparte, en una próxima batalla al mÃtico y controversial héroe costarricense, Juan SantamarÃa.
Walker no se desanimó ante su primera derrota, y posterior a la muerte de su más cercano rival en las filas liberales, el general Trinidad Muñoz, preparó su segundo ataque, operativo apoyado por nativos nicaragüenses y sus “inmortalesâ€. Esta acción militar desembocó en la toma de Granada, cuidad que tomó por sorpresa y que se traducirÃa en la rendición de las tropas conservadores granadinas, y de su general, Ponciano Corral.
El presidente interino, José MarÃa Estrada, que sustituyó a Chamorro, tras su repentina muerte, saldrÃa al exilio lanzando una proclama de rebelión contra los filibusteros. Walker habÃa tomado secuestrada a las principales familias de Granada y habÃa amenazado con fusilarlas si no se rendÃan las tropas conservadoras.
Esta es la historia narrada en William Walker, ilusiones perdidas.
La trascendencia de la Guerra Nacional, y que en Costa Rica celebran como Campaña Nacional, podrÃa tal vez valorarse con las palabras del historiador francés, Elisee Reclus, quien dijo que la derrota de los filibusteros habÃa sido el Maratón de América.
Los triunfadores de la Guerra Nacional fueron los costarricenses y en alguna medida, el comodoro Vanderbilt, uno de los primeros concesionarios para construir la ruta interoceánica por Nicaragua.
Los orÃgenes de la guerra se pueden ubicar cronológicamente con la toma de posesión en 1853 de Fruto Chamorro como Director de Estado de Nicaragua. En su discurso inaugural anunció su deseo de reformar la constitución de 1838 y enfatizó que su objetivo era instaurar el orden y para ello prometÃa “prevenir los males antes que remediarlosâ€, frase que fue interpretada como una amenaza a la legalidad por la oposición liberal.
Efectivamente, cuando la nueva constitución fue decretada el 30 de Abril de 1854, los liberales la calificaron de absolutista, especialmente porque no convocaba a nuevas elecciones, como debÃa ser y la Asamblea reeligió como presidente de la República –como se empezarÃa llamar Nicaragua—al mismo Fruto Chamorro, en una acción reeleccionista que tendrÃa graves consecuencias para la historia del paÃs, debido a la forma ilegal en que se llevó a cabo, según lo percibieron los agentes polÃticos de la oposición.
La revolución no se hizo esperar y en los primeros dÃas de mayo de 1854, el general Máximo Jerez desembarcó con sus tropas en el Realejo, Chinandega, para luego tomarse por sorpresa la plaza de Chinandega y extenderse a León. Desde la capital liberal las tropas revolucionarias marcharon contra Granada, ciudad a la que a pesar del sitio que impusieron no pudo ser tomada. Pasaron muchos meses sin que la guerra tomara un giro decisivo, y es en esa etapa que los liberales tratan de reforzar sus fuerzas militares, contratando más filibusteros, contrato que a la postre iban atentar contra la incipiente república.
William Walker y sus cincuenta y siete inmortales, como él mismo llamaba a sus mercenarios, desembarcaron en Nicaragua en junio de 1855, contratados por Francisco Castellón, lÃder de los liberales de León, y a los que nacionalizo con un simple juramento en voz alta frente a la falange. Walker fue recibido con grandes expectativas por los liberales, pues pensaron que con su reforzamiento, iban a tomar una acción decisiva contra los granadinos.
En menos de quince dÃas, el predestinado de los ojos grises, montó una operación militar en Rivas, batalla en la que fue derrotado y la que se produjo la quema del mesón por Emmanuel Mongalo, un personaje que posteriormente se diluyó en aquella etapa llena de controversias y vacÃos, y que tendrÃa como contraparte, en una próxima batalla al mÃtico y controversial héroe costarricense, Juan SantamarÃa.
Walker no se desanimó ante su primera derrota, y posterior a la muerte de su más cercano rival en las filas liberales, el general Trinidad Muñoz, preparó su segundo ataque, operativo apoyado por nativos nicaragüenses y sus “inmortalesâ€. Esta acción militar desembocó en la toma de Granada, cuidad que tomó por sorpresa y que se traducirÃa en la rendición de las tropas conservadores granadinas, y de su general, Ponciano Corral.
El presidente interino, José MarÃa Estrada, que sustituyó a Chamorro, tras su repentina muerte, saldrÃa al exilio lanzando una proclama de rebelión contra los filibusteros. Walker habÃa tomado secuestrada a las principales familias de Granada y habÃa amenazado con fusilarlas si no se rendÃan las tropas conservadoras.
Esta es la historia narrada en William Walker, ilusiones perdidas.

