Wiilam Walker, ilusiones perdidas: Invasión de filibusteros norteamericanos a Centroamérica (1855) (Spanish Edition) Buy on Amazon

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Wiilam Walker, ilusiones perdidas: Invasión de filibusteros norteamericanos a Centroamérica (1855) (Spanish Edition)

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ISBN-13978B014X4QS49
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Description

En 1855, un grupo de filibusteros norteamericanos, encabezados por William Walker, invadieron Nicaragua, con miras de apoderarse de Centroamérica, un período histórico de gran trascendencia política e histórica y que fue llamado Guerra Nacional por los mismos centroamericanos que aún se visionaban como un solo país.
La trascendencia de la Guerra Nacional, y que en Costa Rica celebran como Campaña Nacional, podría tal vez valorarse con las palabras del historiador francés, Elisee Reclus, quien dijo que la derrota de los filibusteros había sido el Maratón de América.
Los triunfadores de la Guerra Nacional fueron los costarricenses y en alguna medida, el comodoro Vanderbilt, uno de los primeros concesionarios para construir la ruta interoceánica por Nicaragua.
Los orígenes de la guerra se pueden ubicar cronológicamente con la toma de posesión en 1853 de Fruto Chamorro como Director de Estado de Nicaragua. En su discurso inaugural anunció su deseo de reformar la constitución de 1838 y enfatizó que su objetivo era instaurar el orden y para ello prometía “prevenir los males antes que remediarlos”, frase que fue interpretada como una amenaza a la legalidad por la oposición liberal.
Efectivamente, cuando la nueva constitución fue decretada el 30 de Abril de 1854, los liberales la calificaron de absolutista, especialmente porque no convocaba a nuevas elecciones, como debía ser y la Asamblea reeligió como presidente de la República –como se empezaría llamar Nicaragua—al mismo Fruto Chamorro, en una acción reeleccionista que tendría graves consecuencias para la historia del país, debido a la forma ilegal en que se llevó a cabo, según lo percibieron los agentes políticos de la oposición.
La revolución no se hizo esperar y en los primeros días de mayo de 1854, el general Máximo Jerez desembarcó con sus tropas en el Realejo, Chinandega, para luego tomarse por sorpresa la plaza de Chinandega y extenderse a León. Desde la capital liberal las tropas revolucionarias marcharon contra Granada, ciudad a la que a pesar del sitio que impusieron no pudo ser tomada. Pasaron muchos meses sin que la guerra tomara un giro decisivo, y es en esa etapa que los liberales tratan de reforzar sus fuerzas militares, contratando más filibusteros, contrato que a la postre iban atentar contra la incipiente república.
William Walker y sus cincuenta y siete inmortales, como él mismo llamaba a sus mercenarios, desembarcaron en Nicaragua en junio de 1855, contratados por Francisco Castellón, líder de los liberales de León, y a los que nacionalizo con un simple juramento en voz alta frente a la falange. Walker fue recibido con grandes expectativas por los liberales, pues pensaron que con su reforzamiento, iban a tomar una acción decisiva contra los granadinos.
En menos de quince días, el predestinado de los ojos grises, montó una operación militar en Rivas, batalla en la que fue derrotado y la que se produjo la quema del mesón por Emmanuel Mongalo, un personaje que posteriormente se diluyó en aquella etapa llena de controversias y vacíos, y que tendría como contraparte, en una próxima batalla al mítico y controversial héroe costarricense, Juan Santamaría.
Walker no se desanimó ante su primera derrota, y posterior a la muerte de su más cercano rival en las filas liberales, el general Trinidad Muñoz, preparó su segundo ataque, operativo apoyado por nativos nicaragüenses y sus “inmortales”. Esta acción militar desembocó en la toma de Granada, cuidad que tomó por sorpresa y que se traduciría en la rendición de las tropas conservadores granadinas, y de su general, Ponciano Corral.
El presidente interino, José María Estrada, que sustituyó a Chamorro, tras su repentina muerte, saldría al exilio lanzando una proclama de rebelión contra los filibusteros. Walker había tomado secuestrada a las principales familias de Granada y había amenazado con fusilarlas si no se rendían las tropas conservadoras.
Esta es la historia narrada en William Walker, ilusiones perdidas.

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