Me encontraba muy cansada, acabábamos de regresar de un viaje por Europa. Mis padres habÃan insistido en que lo realizara. Fui sin ganas y casi obligada. Lo hice por ellos porque no se sintieran abatidos ante mi negativa. Pensaban que era una manera de hacer que me sintiera mejor y olvidar el terror de lo vivido en el último mes. TodavÃa las pesadillas no se habÃan desvanecido y me despertaba con un grito estrangulado en mi garganta. Mi cuerpo temblaba empapado en sudor y era incapaz de controlar el castañeo de mis dientes.